• Liz Amador

Una reflexión sobre el aborto


Foto Ficcional - Dominique Di Russo

Hoy quiero plantearles un tema que me parece muy importante, el aborto y los derechos, responsabilidades y consecuencias que conlleva.


Me parece perceptible y comprensible que una mujer que está embarazada y su vida peligra en caso de llevar a cabo el proceso, aquella que vivencia un embarazo inviable o aquella que ha sido embarazada como resultado de una violación requiera y decida realizarse un aborto. Paralelamente pienso que ese ser humano que viene en camino, independiente de las semanas que tenga, es un ser y un alma que tiene derecho a vivir. ¿Y entonces qué hacer?


Quiero comenzar por decir que como sociedad, si bien estamos creciendo, nos estamos haciendo poco a poco más conscientes de nosotros mismos, del otro y de la vida, parece ser que aún nos queda una larga ruta por recorrer. En este tema en particular, el análisis debe considerar muchas variables más de las que el común de las personas está considerando. Hasta hora el análisis se ha vuelto necio, simplón, primitivo. Por un lado, hombres y mujeres que opinan que el cuerpo es de la mujer y que tiene derecho a hacer lo que decida con éste, y por otro lado quienes plantean que los embriones son vida, tiene derecho y no deben ser abortados por nada del mundo. Sin embargo, en ambos casos alguien paga por las sandeces de una sociedad inhumana, sociedad que por cierto está compuesta por cada uno de nosotros, tú y yo siendo parte también.


En las tres causales observamos tres razones dolorosas por las cuales una mujer abortaría, y aunque existan personas de pensamiento catastrófico y con bajo juicio de realidad, que imaginaron alguna vez que cuando se legalizara el aborto todas las mujeres correríamos alegres a abortar (“deme un aborto por favor”), el aborto en general es causa y muchas veces también resultado de sufrimiento, culpa y una vasta tristeza. Y frente a esto, nosotros, la sociedad, no somos capaces de contener, de apoyar, de aliviar ese dolor que cuidaría nuestra especie. ¿A cambio qué otorgamos? Misoginia, despidos por la maternidad, abandono de hombres inverecundos y no contratación de mujeres porque mantenemos la especie, entre muchas otras consecuencias.


Queremos seguir viviendo, mantener nuestra especie, pero no deseamos cuidar y proteger a nuestras mujeres que son quienes hacen esta dura tarea, ¿No es una enfermedad mental y espiritual esto? 

Entonces resolvemos por el aborto, que efectivamente creo que en este panorama es una opción, la opción menos horrorosa… quizás, pero atención, en este panorama que no debería darse. Entonces, aparecen quienes ven la mitad de la torta diciendo “qué horror, no al aborto”, creyendo sinceramente que con eso avanzamos, y las otras personas que celebran que el aborto se logre y viven un gran momento de felicidad y euforia.


Mi reflexión es la siguiente:

No basta con que digamos que no nos gusta el aborto, es más útil que hagamos algo real por mejorar esta sociedad que a veces se comporta egoísta, desalmada e inhumana. No sirven sólo unas paupérrimas apariciones en TV o expresar una y otra vez las quejas. Quienes tienen algo de poder político, aportarían interviniendo en las políticas públicas para hacer de la maternidad lo que es, lo más hermoso de esta vida, para eliminar las violaciones y malos tratos, para concientizar. Si tenemos hijos, entreguemosle una educación sana, con ética social. Si no los tenemos, seamos voluntari@s en algo. ¡Actuémos!, que las verdaderas intenciones se observan en la acción, no solo en las palabras.


A su vez, NO tenemos nada que celebrar al momento de aceptarse el aborto, pues siempre alguien sale lastimado. Podemos sentir que fue un avance, que hasta ahí hemos hecho un buen trabajo y que nos falta mucho aún, pero desde ese punto a la celebración que he visto en mucha gente, hay una gran distancia reflexiva. ¿Cómo puede alguien estar feliz porque logramos dañar al que no vemos en lugar del que vemos?, ¿Qué nos pasa?, ¿Acaso no hemos notado que en la mayor parte de las ocasiones la madre y el padre igualmente salen heridos, además de haber una vida perdida? ¡Conectémonos! Y dejemos ese narcisismo de lado, ese narcisismo que nos hace pensar “lo logramos, somos lo máximo, Yo participé en que logremos el aborto, que excelente ser humano que soy”. Es evidente que la mayoría está mirándose el ombligo, centrado en el gran logro y éxito que tendrá a partir de esa iniciativa, y no en lo que a los padres o el embrión les pasa. Podemos decir: “por supuesto que estamos centrados en los padres, en disminuir su dolor”, pues les cuento que hasta ahora no he visto a ningún padre sano mentalmente que celebre porque ahora podrá abortar a su hijo, que lo diga con alegría y que organice su aborto shower.


En resumen, las sociedades vamos avanzando lentamente, y sí, hemos hecho cambios en esta área, no obstante, es importante tener la capacidad de discernir entre lo que sigue siendo dañino para muchos (en este caso para el embrión, para su familia o para la mujer que ya tuvo que vivir una violación), y lo que realmente es llegar a la meta. No seamos conformistas, no nos quedemos con lo quizás es lo menos malo, y digo quizás porque no me convenzo de que sea totalmente así.*

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